Vidas hechas de lo mismo
Quienes piensan diferente también están del lado de la vida, pero nos enseñan a mirar la diferencia como amenaza, como si solo hubiera una forma correcta de cuidar, sentir, de creer o luchar.
Pero la vida, en todas sus expresiones, se sostiene precisamente en la diversidad: de ideas, de cuerpos, de historias, de luchas.
Habrá quienes la defienden desde la calle y la consigna, y quienes lo hacen desde el silencio y el trabajo cotidiano. Habran quienes abracen la vida desde la fe, y quienes lo hagan desde la duda, pero el deseo profundo de no dañar, de construir, de encontrar un lugar digno en el mundo, también habita en quienes no comparten nuestras certezas. Reconocer que quienes piensan diferente también están del lado de la vida no significa callar frente a la injusticia, ni caer en neutralidades cómodas. Significa discutir sin deshumanizar, confrontar sin borrar al otro, defender nuestras convicciones sin convertirlas en permiso para la violencia. Significa entender que el verdadero enemigo no es la persona que disiente, sino las lógicas que nos rompen: el odio, la indiferencia, el miedo que se transforma en rabia ciega. Tal vez el reto de este tiempo no sea ganar discusiones, sino aprender a habitar el desacuerdo sin anularnos. Recordarnos, aun en orillas opuestas, que estamos hechos de la misma fragilidad y del mismo deseo básico: vivir. Porque somos vidas hechas de lo mismo.
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